¿Para qué se usaba el espantapájaros en los sembríos? ... ¿Qué tenía ese inofensivo aparato que podía apartar a los cuervos? Será lo horrible de su cara, o quizás la ridiculez del instrumento... Quizás, solo quizás, sea el hecho de que esté ahí, fingiendo ser algo que no es, lo que hace que los cuervos se vayan siempre.
¿No será acaso que creamos un espantapájaros personal para espantar a los cuervos? Pues yo he creado el mío, con los años (así no sean muchos, yo sé, soy una vieja de 22 años), he construido un mecanismo para no ilusionarme, para no magnificar a nadie y para no emocionarme por algo que no necesariamente va a ocurrir.
Resulta, que me es tremendamente sencillo catalogar defectos en las personas, defectos que yo no considero tolerables, como la falta de criterio o madurez, que hacen que el sujeto en cuestión se mantenga a 30 pies de distancia.
¿Buena estrategia? Veamos... No.
¿Por qué?
Porque, por lo menos en el caso de las personas, una vez que instalas tu espantapájaros, no puedes escoger qué tipos de aves quieres que se te acerquen; poco a poco, este mamarracho de instrumento, irá haciéndote espantar a todos, y no te dejará ver la belleza de algunas aves que pueden adornarte.
Ahondemos en por qué pusimos el espantapájaros ahí, temor, recelo, temor, miedo. Miedo a que se lleven un pajarraco nuestros frutos más ricos y no los devuelva, o miedo a que se acaben y no halla nada para nadie más. La parte graciosa es que no decimos que es miedo, decimos que aquel halcón, digno de anidar en nuestro territorio, será capaz de echarse abajo el espantapájaros. Lo que no sabes, querido, es que para ver al halcón, tienes que quitarte la paja de los ojos, y sacudirte las ropas, bajar tu espantapájaros y echarte a volar. Porque las aves más hermosas viven en lo más alto, y en lo más alto hay que buscar y desde la tierra, atemorizado, solo vas a encontrarte cuervos, arañas y quizás un par de ratas.
Es tiempo de echar a la basura ese montón de paja, o quizás, usarlo como muñeco en año nuevo, quemarlo junto con todo lo que nos hizo construirlo. O mejor, quemémoslo por fin de parciales. Cuanto antes mejor. Empezar de 0 no necesita una fecha especial.. Fue un lunes cualquiera, Señor Vallejo.